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Una de cada cuatro enfermas de anorexia y bulimia vence la enfermedad
La apología de estos trastornos en internet abre un nuevo frente en la lucha de los afectados
Empezó como casi todas las chicas de su edad. Un régimen para quitarse tres kilos de aquí y de allá. Una dieta que acompañó de horas de gimnasio y que acabó convirtiéndose en una obsesión fuera de todo control. Un pavor a engordar un solo gramo, totalmente irracional y adictivo, que atrapa cada año a 70 personas en Gipuzkoa. La anorexia y la bulimia son enfermedades mentales devastadoras, para el paciente y para la familia, «difíciles de tratar» por la complejidad que envuelven estos trastornos, ya que la mayoría de pacientes sufre enfermedades mentales asociadas. Depresión, ansiedad, trastornos de personalidad… Los expertos aseguran que una cuarta parte logra recuperarse después de recibir el tratamiento adecuado, pero el resto sufre las consecuencias para toda su vida: un 25% de los casos se convierten en enfermedades crónicas y el 50% arrastrará trastornos psiquiátricos a pesar de haber superado el trastorno alimentario. Según estudios norteamericanos, la tasa de mortalidad oscila entre el 10 y 16%.
La petición del Ministerio de Sanidad a Twitter para que elimine los perfiles en los que se hace apología de estos trastornos y la posterior negativa de la red social a bloquear estas cuentas ha vuelto a poner el foco sobre el drama que sufren muchas familias en las que la comida se convierte en motivo de enfermedad y pesadilla. Internet está llena de páginas que han hecho de la anorexia y la bulimia una forma de vida con trucos para conseguir cuerpos escuálidos y esconder los síntomas de estos trastornos, que están considerados enfermedades mentales. Desde 2006, el número de páginas web con contenidos que hacen apología de estos trastornos ha crecido un 470%, según un informe de la Agencia de Calidad de Internet (IQUA) y la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), que alerta sobre el enorme peligro de estos sitios. Pero ninguno de esos contenidos, por peligrosos que sean, son constitutivos de delito, pues la apología de la anorexia y de la bulimia no está penada.
Internet ha abierto un nuevo frente en la batalla que mantienen contra estas enfermedades las asociaciones de afectados. En Gipuzkoa, Acabe se ha convertido en un recurso necesario, paralelo a la red asistencial de Osakidetza. «Lo primero que intentamos es concienciarles de que sufren una enfermedad, porque la mayoría cree que es solo una mala conducta, no un trastorno», cuenta Garbiñe Agirre, responsable de la asociación con sede en el paseo de Mons de Donostia. «El siguiente paso es motivarles al tratamiento, a que consulten a su médico de cabecera, que será quien le dirija al psiquiatra. Pero hay una resistencia enorme a acudir al médico», asegura.
A diferencia de otras comunidades autónomas, como Cataluña o Cantabria, Euskadi no cuenta con unidades específicas para el tratamiento de estos trastornos, una reivindicación histórica de los afectados que piden mejorar el seguimiento al enfermo. «Hay que hincarle el diente de una vez por todas a este problema. Sabemos que es un tratamiento costoso, porque es una enfermedad de muy larga evolución, pero eso no puede ser excusa», reclama Agirre.
El programa de atención a estos trastornos depende del centro de salud mental de Amara. Los pacientes que ingresan en el Hospital Donostia, aquellos que sufren una desnutrición grave, lo hacen en el servicio de Psiquiatría, como cualquier otro enfermo con alguna patología mental, ya que no pertenece al programa específico de la atención extra-hospitalaria. Javier Palomo, responsable de la unidad de hospitalización psiquiátrica infanto-juvenil, considera que, aunque desde el punto de vista hospitalario el tratamiento es completo, tras un ingreso debería existir «un programa intensivo, con un equipo multidisciplinar formado y preferiblemente sensibilizado con estos trastornos» que atendiera a los pacientes en un centro de día, con horario vespertino o mixto, donde se supervisaran las comidas, que es una parte fundamental en el tratamiento. «Sería el recurso ideal» y permitiría, además, «limitar el estigma hospitalario, especialmente el psiquiátrico», asegura.
Como una droga
Para explicar la complejidad del tratamiento de una persona con anorexia o bulimia, el doctor Palomo compara el comportamiento obsesivo de los enfermos -mayoritariamente chicas adolescentes- con la adicción a las drogas. «En ambos casos la persona está mentalmente desequilibrada. El tratamiento de la dependencia física de un paciente con respecto a una droga, el proceso de desintoxicación, sería equiparable al tratamiento cognitivo y conductual que se aplica a pacientes con trastornos de la conducta alimentaria», explica. De hecho, aunque no sea una adicción, el enfermo llega a un punto en el que tiene tal distorsión de la realidad, que no puede ver bien su cuerpo, y la enfermedad se hace imparable. «De una manera progresiva, en estos pacientes se ha instaurado un estilo de sentir y de pensar patológico. Se diría que los engranajes que conectan las emociones y los pensamientos se han alterado, especialmente en lo relacionado con la comida, la figura y el peso», añade el especialista. El resultado de esa distorsión es un «miedo exagerado e irracional a cualquier ganancia de peso» que esconde un problema afectivo y emocional. «La comida suele ser una vía de escape. En cierta manera las pacientes quieren controlar algo que les dé seguridad, aunque en realidad les esté perjudicando», dice Garbiñe Agirre, coordinadora de Acabe.
La pregunta de por qué unas personas acaban cayendo en la trampa de la enfermedad no tiene una fácil respuesta. «Las causas son múltiples -afirma Javier Palomo-. Hablamos de trastornos complejos, que se desarrollan de forma insidiosa, muchas veces imperceptible no sólo para la gente de su alrededor sino también para quien los padece».
Uno de los desencadenantes más comunes es una preocupación excesiva por la imagen corporal, que acaban distorsionando. El culto al cuerpo, extendido en la sociedad, no supone un problema en sí, pero hay ciertas personas que sobrepasan la línea que separa una actividad normal de una obsesiva. «Los adolescentes están preocupados por el peso, la figura, las dietas y la moda, y eso es normal. Sin embargo, cuando esa preocupación se convierte en el eje de su vida, nos estaríamos encontrando con la enfermedad», subraya el especialista.
El mundo de la moda se ha visto más de una vez en el centro de la polémica por la relación que pueden tener sus patrones con los trastornos alimentarios entre las chicas más jóvenes. La Federación Española de Asociaciones contra la Anorexia y la Bulimia (Feacab), a la que pertenece la asociación guipuzcoana Acabe, ha recordado esta semana que todavía no se ha cumplido el acuerdo de 2007 entre el Ministerio de Sanidad y la industria textil, que disponía un sistema homogéneo de tallas en las prendas de ropa. Un ejemplo de los retos que quedan pendientes para mejorar la prevención de estas enfermedades.
diariovasco.com
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