Anorexia y Bulimia

 

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miércoles, junio 24, 2009

Anorexia, la herencia no deseada

* Un 6% de las madres de estas pacientes tiene antecedentes de la enfermedad

PATRICIA MATEY

MADRID.- Son madre e hija y víctimas de la misma enfermedad: la anorexia nerviosa. Sus testimonios desvelan el impacto que tiene esta patología en quienes la sufren, y en todos los que les rodean. Pero, sobre todo, nos 'hablan' de cómo la han vivido dos generaciones distintas.

"Cuando la anorexia volvió a mi vida con mi hija Pilar pensé que no iba a resistir pasar de nuevo por lo mismo. Otra vez la obsesión por la comida se colaba en mi casa", relata Consuelo Durandez, de 50 años. La enfermedad atravesó sus primeros años de matrimonio. "Cuando era jovencita, como sucede en la mayoría de los casos. A diferencia de Pilar, a mí me daba por darme atracones de comida de vez en cuando (anorexia bulímica)". Hoy está curada.

"Entonces no se decía nada, ni se iba al médico y mucho menos a un psicólogo o a un psiquiatra. Estaba mal visto. Yo la pasé solita y la superé solita también. Curiosamente, al final he acudido a terapia de grupo no por mi enfermedad, sino por las consecuencias que ha tenido la anorexia de mi hija en nuestras vidas", añade.

Tal y como le ha sucedido a Consuelo, existe un buen número de padres y madres con antecedentes de trastornos de la alimentación (anorexia o bulimia) cuyas hijas han 'heredado' dichas patologías. Así se deduce de un estudio llevado a cabo con 100 familias españolas. El trabajo, realizado por Íñigo Ochoa, de la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco y publicado en 'Clínica y Salud' [revista editada por el Colegio Oficial de Médicos de Madrid], refleja que un 6% de las madres con hijas anoréxicas poseía antecedentes de la enfermedad y un 3% de bulimia. Además, un 21,4% había padecido obesidad y un 34% siguió alguna dieta.

Pero, como en el caso de Consuelo, la mayoría de ellos ha convivido en silencio con estos trastornos. Sin apoyo social o sanitario. De hecho, no fue hasta 1992 cuando el psiquiatra Gonzalo Morandé inauguró la primera Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de España en el hospital madrileño Niño Jesús. El año pasado este centro sanitario registró 174 altas por este tipo de enfermedades y realizó 9.282 sesiones terapéuticas.

Tampoco en los años de la enfermedad de Consuelo existía la posibilidad de descolgar un teléfono y recibir asistencia psicológica. Un ejemplo, la línea telefónica gratuita de anorexia [900 60 50 40] de la Comunidad de Madrid ha recibido más de 3.000 llamadas desde su puesta en marcha en marzo de 2003.

'¿Que eres anoréxica? ¡Pues come!'

Consuelo mira con buenos ojos el 'despliegue' de todos estos recursos y defiende "la gran evolución que ha experimentado la anorexia en materia de prevención, diagnóstico y atención a sus víctimas y a sus familias", pero se queja de que sigue siendo insuficiente. "Las enfermas necesitan acudir a terapia durante muchos años y la demanda de atención es mayor que la oferta. No todas las familias pueden pagar una consulta semanal a un mínimo de 60 euros la hora. Tampoco se entiende que, a sabiendas de la influencia que tienen la publicidad y los medios de comunicación en el desarrollo de la patología, todavía sigamos asistiendo al bombardeo continuo de cuerpos perfectos".

Su hija, que ahora tiene 19 años y estudia segundo de Filosofía, va más lejos. "En todo este tiempo lo que me ha dolido profundamente ha sido la falta de comprensión. Los demás no se ponen en tu lugar. Recuerdo especialmente que una de mis profesoras me dijo: '¿Que eres anoréxica? ¡Pues come!' A ella la hubiera tenido yo 21 días sin probar bocado para que supiera qué se siente. Queda todavía mucha gente que piensa que no comemos porque no nos da la gana, como si la anorexia fuera un capricho y no una maldita enfermedad".

Por si a alguien le queda alguna duda de lo grave que es la anorexia, Consuelo rememora lo que le ha costado sacar a su hija adelante. "No ingresó en el hospital, pero los médicos le indicaron el ingreso domiciliario durante un mes y medio. Las dos, cara a cara con la comida sin salir de casa. La lucha en todo este tiempo para que siguiera una dieta normal, con un aumento cada día del tamaño de las raciones, fue tremenda... El 'bicho' (como llamamos nosotras a la anorexia) hacía que ella se revolviera contra mí. Sólo quería que le tuviera desprecio porque se sentía mal consigo misma por estar enferma. Tuve que dejar el trabajo y acabé acudiendo a terapia de grupo familiar porque me estaba hundiendo", comenta Consuelo.

El 'coro' de amigas

Pilar no recuerda aquel calvario. "Me lo cuenta mi madre, parece como si yo lo hubiera borrado de mi memoria". En cambio, sí sabe a ciencia cierta cuándo empezó a dejarse vencer por la anorexia. "Tenía 12 años e ir al colegio era una penitencia. Me llamaban gorda y se metían mucho conmigo, me hacían 'bullying' constantemente... Acudí a un campamento y aquello me sirvió para reafirmarme en mi obsesión por la comida y por los chicos. Por aquella época estaba tan obsesionada con la delgadez como con el sexo".

El 'coro' de amigas ayudó al resto. "Venían a casa y la verdad es que ninguna comía nada. Daba igual lo que les ofrecieras para merendar, que a todo decían que no. Todas las chicas están obsesionadas con el peso", aclara su madre.

Aunque la anorexia y la bulimia han estado ahí siempre, la llegada de la cultura de la delgadez las ha convertido en epidemia. "En mi época no había tanta obsesión con el cuerpo. Hasta en nuestro centro de salud hay revistas sobre cómo adelgazar. Tuve que comentar que si no sabían lo grave que es la anorexia como para dejar visibles en un centro médico publicaciones que incitan a hacer dieta", denuncia Consuelo.

Los trastornos de la alimentación han aumentado vertiginosamente en los últimos 30 años. Hoy afectan a entre el 4% y el 5% de los adolescentes y jóvenes de nuestro país y a un 6% de los universitarios. "La edad media de inicio de la enfermedad sigue estando entre los 10 y los 12 años en el caso de la anorexia y entre los 16 y los 20 para la bulimia. No obstante, y al igual que en los últimos años nos hemos encontrado con un aumento de los casos masculinos, también está creciendo el número de mujeres adultas (a partir de los 30 años) que están cayendo en la enfermedad", aclara Enrique Berbel, psicólogo clínico en ADANER-Madrid (Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia).

Consuelo acude durante una hora y media a las terapias de grupo que el doctor Berbel organiza cada 15 días en el Hospital Niño Jesús. "Intentamos que los padres entiendan la enfermedad, lo que va a ocurrir, que habrá días buenos y malos, que el proceso de recuperación es muy lento. Les proporcionamos estrategias para que sepan cómo pueden ayudar a sus hijos, pero sobre todo es importante que no se sientan solos y tengan una red social de apoyo", apunta el doctor Berbel.

"Me he quedado sin infancia, con menos cabello, sin menstruación... Estoy tomando la píldora anticonceptiva para tener menstruaciones, pero no son naturales. Tengo mucho miedo de no poder tener hijos. Eso sí, si algún día tengo alguno lucharé para que la anorexia no me lo robe".

http://www.elmundo.es/

 

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lunes, junio 15, 2009

Ebriorexia: otro tipo de anorexia

Cuando el alcohol sustituye a la comida

Francisco Galindo, EFE

A la anorexia y la bulimia, dos de los trastornos de comportamiento alimenticio más conocidos, hay que añadir la ebriorexia, que se manifiesta en la voluntad de quien lo padece en sustituir la falta de comida con la ingesta de alcohol. Esta patología puede traer graves consecuencias y, lo más preocupante, es que muchos ebrioréxicos lo son sin saberlo.

Supuesto erróneo

La anorexia y la bulimia constituyen dos de los trastornos de comportamiento alimenticio más conocidos y difundidos por los medios de comunicación. Mientras en el primer caso, el afectado rechaza la comida hasta límites de peligro mortal para la salud, por razones de estética corporal fundamental, los bulímicos alternan los grandes atracones de comida con vómitos, consumo de laxantes y ayunos prolongados que dan lugar a peligrosas oscilaciones de peso.

Según el Ministerio de Sanidad y Consumo, en España se diagnostican cada año 80.000 casos de anorexia, una enfermedad que afecta sobre todo a mujeres y que suele manifestarse con los primeros calores primaverales cuando brota el deseo de lucir el tipo y los jóvenes optan por estas prácticas tan poco saludables.

Ebriorexia: tomar en vez de comer

A estos dos trastornos tan conocidos en todo el mundo hay que añadir una patología relacionada, la ebriorexia –acrónimo de ebriedad y anorexia-, también conocida como “drunkorexia” de acuerdo con la terminología anglosajona.

El ebrioréxico sustituye la falta de comida en el estómago con las calorías que aporta al organismo el consumo desenfrenado de alcohol, basándose en el supuesto de que la dieta queda así equilibrada.

La obsesión por estar delgado y cierta aceptación social sobre el consumo de drogas y alcohol, constituyen un peligroso cóctel responsable del aumento de las nuevas patologías relacionadas con la comida y la bebida, según advierte la Asociación Española para el Trastorno de la Conducta Alimentaria (AETCA).

Daños irreparables

Agrega AETCA que la ebriorexia puede darse como consecuencia de un juego inconsciente de los jóvenes a “ser mayores”, sin conocer las consecuencias peligrosas de este acto de omnipotencia frente a los peligros de las bebidas alcohólicas, y a pesar de la información que reciben sobre los riesgos que conlleva este tipo de prácticas, como por ejemplo el daño que sufren hígado y cerebro por la falta de nutrientes y la ingesta de bebidas.

En muchos casos, de acuerdo con las escasas descripciones clínicas del síndrome, el trastorno del ebrioréxico pasa por tres fases. En la primera, el afectado únicamente toma alcohol para compensar las calorías que le proporcionaría la comida. En la segunda, para aguantar la abstinencia alimenticia sigue ingiriendo alcohol, o bien lo combina con metanfetaminas para inhibir el hambre. Y en la tercera se da un atracón de comer que puede ir seguido de vómitos para vaciar el estómago.

Ateniéndose a esta descripción, la ebriorexia constituye una mezcla de alcoholismo, anorexia y bulimia.

La ebriorexia es tan escasamente conocida que hay muy pocos especialistas que la traten y, lo que resulta más preocupante, muchos ebrioréxicos lo son sin saberlo, según datos facilitados por la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (ADANER), uno de los pocos referentes en España para asesoramiento de esta conducta a la que están expuestos muchos jóvenes adictos a consumir alcohol en sus ratos de ocio y de “sociabilidad”.

El perfil del ebrioréxico, agrega ADANER, es el de un joven aficionado a alternar, con una edad comprendida entre los 18 y los 30 años.

Juana Martín, presidenta de ADANER, consideró, en declaraciones a Efe, que la ebriorexia es “un subtipo, una etiqueta más” de las patologías del comportamiento alimentario y cree que todas ellas derivan “de la angustia y la ansiedad en que vive una parte de la juventud, como consecuencia de una baja autoestima”.

Sin embargo, Martin advierte de que la sintomatología de la ebriorexia “no está aún plenamente contrastada con la de la anorexia y la bulimia”, aunque puedan guardar relación.

Manuel Fresco, psiquiatra y director del Centro Nacional del Control de Adicciones de Paraguay, señaló el pasado mes de febrero en declaraciones al periódico “La Nación”, de Asunción, que esta enfermedad puede resultar nueva para mucha gente, pero no lo es como tal, ya que, “en general cuando hay un trastorno alimentario también están presentes otros patrones de dependencia asociados, como el uso de drogas, fármacos y alcohol, y quienes presentan estas patologías pueden desarrollar también, eventualmente, cuadros depresivos”.

Recientemente, en un informativo de RTVE, la televisión pública española, se emitió un reportaje en el que se daba cuenta a la audiencia de la ebriorexia y se ilustraba con declaraciones de jóvenes expuestos a sufrirla.

"Como el alcohol engorda tanto, te saltas la cena para equilibrar", explica uno de los jóvenes en el vídeo que ilustra el reportaje.

"Si salimos pronto de fiesta, no solemos cenar. Son muchas calorías para el cuerpo", añade otro.

La ligereza de estos testimonios encubre el riesgo de enfermedades graves, pues la combinación de consumo de alcohol excesivo con el rechazo a ingerir alimentos lleva a los jóvenes a situaciones extremas y delicadas respecto a su salud, según ADAMER, y lo más preocupante es que estas conductas en muchas ocasiones son aconsejadas por páginas web para “aguantar mejor la marcha”.

Por otra parte, la ebriorexia es, en muchos casos, difícil de detectar porque a nadie le llama la atención que un adolescente se emborrache con sus amigos los fines de semana y que, además, esté pendiente de su dieta.

El riesgo principal de la ebriorexia, según la asesoría psicológica de ADANER, es que puede derivar en desnutrición, intoxicación por etanol e incluso coma etílico, además de dañar de forma fulminante órganos vitales y las neuronas.

Por otro lado, en la Asociación recuerdan que la principal dificultad con la que se encuentran los psicólogos y psiquiatras que tratan a los ebrioréxicos es la falta de unas "pautas fijas de comportamiento", al contrario de lo que ocurre con otros trastornos de alimentación.

Juana Martín recuerda, no obstante, que el aspecto positivo de esta patología, para la que no hay tratamientos definidos y sólo afines a los que combaten otras adicciones, es que el joven que la padece en cuanto recupera la confianza en sí mismo no suele volver a pasar por este trance “tan poco saludable”.

En consecuencia, mientras la anorexia y la bulimia están muy estudiadas y se conocen bastante bien su etiología y sus consecuencias, la ebriorexia aún no cuenta con la base científica suficiente como para determinar si se trata de una adicción pasajera o permanente.


http://www.univision.com/

 

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martes, junio 02, 2009

«La anorexia y la bulimia son señales de que tu manera de pensar es errónea»

La escritora expuso ayer en una charla en el Centro Cultural Ibercaja Portales cómo logró superar la bulimia

Su escrutadora mirada insinúa una intensa vida. No en vano, la escritora Espido Freire (Bilbao, 1974) se convirtió con 25 años en la ganadora más joven del premio Planeta con Melocotones helados (1999). Sin embargo, en el 2001 sorprendía confesando en su libro Cuando comer es un infierno que en su adolescencia padeció bulimia. Completamente restablecida, Freire lleva años ofreciendo su testimonio como ex bulímica, con el esperanzador objetivo de transmitir que los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) se pueden curar, y rechazar los mitos que estas enfermedades conllevan. Con este mismo fin, ayer ofreció una conferencia en el Centro Cultural Ibercaja, invitada por la Asociación de Trastornos de la Conducta Alimentaria de La Rioja con motivo del Día de la Nutrición.
- Comenta que el 25% de la población femenina universitaria tiene factores de riesgo de padecer anorexia o bulimia y asegura que uno de dichos factores es que la consideración de la comida como algo recreativo, ¿a qué se refiere?
- A que por la abundancia de alimentos, la comida se toma como algo recreativo. Hace muy poco que el ser humano ha dejado de pasar hambre. Cuando se pasa hambre, la comida es sagrada y hay una obsesión generalizada. De hecho, se cree que después de una hambruna o de una guerra, han de pasar tres generaciones hasta que la relación con la comida se vuelve natural. La nuestra es la primera generación de la historia que tiene más comida de la que necesita. Hay comida hecha no para alimentar, sino para tentar. No importa cuáles sean los valores nutritivos, sino el valor del gusto. Por ejemplo, no ves a gente comiendo filetes por la calle, pero sí comiendo chocolatinas o patatas fritas.

- Entonces, ¿los trastornos alimentarios son la enfermedad del Primer Mundo?
- Las enfermedades mentales son las del primer mundo y los trastornos del comportamiento y de la alimentación están dentro de ellas.

- Otro de los factores de riesgo es ser perfeccionista, autoexigente... Pero eso suele ir acompañado de fuertes personalidades. ¿No es una contradicción?
- Se confunde la personalidad fuerte con la mala leche. En términos psicológicos, la personalidad fuerte se considera de alguien que tiene claras sus debilidades y sus fuerzas, y que es capaz de crear recursos nuevos frente a las dificultades. En la adolescencia, muy poca gente reúne esas cualidades. A veces el perfeccionismo es un refugio contra la inseguridad o contra el miedo. En el caso de la anorexia ese perfeccionismo se intensifica con el hecho de tener un cuerpo muy delgado del que puedes controlar hasta el último gramo, hasta la última caloría. En la bulimia, la búsqueda de la perfección se torna en frustración, entonces llega el fracaso y posteriormente, el castigo que suponen los atracones y los vómitos provocados.

- En la detección, ¿la familia puede ayudar o también se puede considerar como un desencadenante?
- La familia es un factor de riesgo en cuanto a que hay ideas preconcebidas sobre la alimentación, el cuerpo, el ser buen persona... Ejerce también como mantenedor porque si todos los miembros de la familia giran en torno al problema de una hija, el resto de los problemas no se ven. Pero a la vez funcionan como elemento indispensable, sobre todo en menores, para salir de esos trastornos.

- El descontrol actual, la sobreprotección, el ritmo vertiginoso de vida... ¿también afectan?
- Por el estilo de vida actual, me preocupa más cómo afecta a las adultas que cómo afecta a las adolescentes. Porque las adolescentes siguen estando más controladas, pero una madre no tiene derecho a enfermar. Una chica responsable, que tiene un trabajo, una hipoteca, no tiene derecho a enfermar. Los adolescentes tienen que lidiar con unas dificultades muy específicas, pero es que los adultos también. Las anoréxicas y las bulímicas tienen grandes dificultades para ser asertivas y tienen la necesidad compulsiva de estar siempre a la altura, algo que además la sociedad valora. Es una cosa terrible que una adolescente tenga que ser perfecta.

- Y si no se cura, eso se traslada a la vida adulta...
- Claro. Una adolescente que no se permite cometer errores y pretende la perfección, cuando sea adulta trasladará esa ansiedad de no perder un trabajo, de no tener fallos...

- ¿También de no ser feliz?
- Por supuesto. De hecho, una de las cosas más terribles de estas enfermedades es el autoboicot que se realiza la persona.

- Así pues, ¿el primer paso para curarse es asumirlo y luego pedir ayuda?
- Más bien al revés. Primero pide ayuda y luego ya lo irás asumiendo. Porque aceptar que estás enferma no te cura; te cura estar en tratamiento. Hay una corriente errónea, muy de telefilme, de creer que porque se ha aceptado ya se cura. No es así, porque la enfermedad da herramientas erróneas para afrontar los conflictos, y eso es lo que hay que modificar.

- Y una vez superada la enfermedad, ¿la persona cambia?
- La persona cambia cuando se ha recuperado porque el modo de tramitar su vida tiene que ser necesariamente distinto. Por ejemplo, las anoréxicas suelen ser niñas muy dóciles, que nunca han dado un problema; luego hay una temporada en la que da muchos disgustos y la familia está desesperada porque miente, se vuelve rebelde, no obedece; todo lo contrario a lo que era... Las anoréxicas se tornan antipáticas, las bulímicas se vuelven manipuladoras: mienten como jamás lo han hecho, son zalameras... El problema está en que la familia se acaba acostumbrando a la nueva personalidad de la hija, pero cuando comienza la curación y la verdadera personalidad surge, las familias esperan que vuelva a ser la niña perfecta, y eso es algo que no se va a recuperar. Va a ser una persona más madura, con dudas y rebeldías, pero sin esos mecanismos que imponía la propia enfermedad.

- Con la curación, ¿la enfermedad desaparece definitivamente?
- No. Hay que integrarla en la vida. La enfermedad es una señal de alerta de que tu manera de pensar y tu comportamiento son erróneos. Por tanto, hay que modificarlos porque si no, siempre habrá una tendencia de huir y escapar frente a la ansiedad y a la frustración. Ser adulto implica hacer cada cierto tiempo reválidas y análisis personales muy duros y muy sinceros. Por eso, digo que esto es una señal de alarma. Muchas asociaciones de familiares dicen que la anorexia o la bulimia atacan siempre a las mejores, a las más listas, a las más guapas... Algo está ocurriendo cuando a una mujer con esas características no se le permite ser feliz y está siempre atacándose.

http://www.larioja.com/

 

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lunes, mayo 25, 2009

Los casos de anorexia y bulimia en adolescentes se estabilizan, pero aumentan en menores de 14 años

LARA COTERA. Zaragoza

Herencia, prototipos sociales, influencia del grupo de amigos y educación familiar. Estos son algunos de los ingredientes de un cóctel que los adolescentes se beben con ansia y que es decisivo en la aparición de los trastornos de conducta alimentaria como la anorexia, la bulimia o los atracones.

El verano es, además, una época decisiva en la que se detectan hasta un 30% más de casos. Son jóvenes que sienten pánico de su propio cuerpo, son capaces de pasarse todo el verano sin dejarse ver en la piscina y algunos, como los que sufren anorexia, se seguirán viendo gordos hasta cuando su clavícula y los huesos de sus caderas amenacen con rasgar la piel.

En la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Clínico Lozano Blesa -la de referencia para casos de menores y adolescentes- llevan más de tres décadas tratando estas enfermedades psiquiátricas.

Hasta 1979, no vieron más de 3 casos seguidos cada año. Pero el siglo XXI arrancó con los peores datos posibles: a la unidad se derivaban más de cien casos anuales y, en 2005, llegaron a ser 115. Ahora, las cifras parecen haberse estabilizado -el año pasado fueron 83 los nuevos pacientes-, pero también porque está funcionando el diagnóstico precoz. "En Aragón, hay que reconocer que se está haciendo una excelente labor de prevención tanto por los médicos de cabecera como en colegios o ayuntamientos, y eso ayuda mucho", destaca Mariano Velilla, jefe de la sección de Psiquiatría Infanto Juvenil del Hospital Clínico.

El 70% de los casos se desatan a partir de los 14 años, cuando los modelos de referencia o la presión del grupo de iguales es muy fuerte. Por ejemplo, los expertos conocen bien la influencia de las llamadas 'chicas contagiosas', que minan la autoestima del resto, ridiculizando su físico, pero que paradójicamente luego no son las primeras candidatas a enfermar. Como siempre, las chicas son mayoría (suponen el 85%), ya que su propia naturaleza las hace más vulnerables. De hecho, ante cualquier dieta, es significativo cómo se reducen los niveles de serotonina (conocida como hormona del humor) en las mujeres, algo que no sucede con los hombres. También llegan varones, y muchos acaban padeciendo vigorexia, una obsesión por alcanzar un cuerpo cada vez más musculado.

Nuevas preocupaciones

Ahora bien, van surgiendo nuevas realidades que preocupan a los expertos. "Los casos de menores de 14 años suponen un porcentaje relativamente pequeño pero que va creciendo y que tiene unas causas específicas", concreta Velilla. En 1997, trataron en la unidad a 9 chavales de entre 10 y 13 años. El año pasado ya fueron 17, el 20,48% del total. Había niñas de 10 años (4 casos), de 11 (3 casos), de 12 (3 casos) y de 13 (7 casos).

No se sabe qué causa los trastornos de conducta alimentaria, pero hay varios elementos que no fallan nunca. Parece haber un factor de transmisión genética, vinculada al temperamento, que predispone peligrosamente. La herencia, ser mujer y manifestar insatisfacción corporal o perfeccionismo son otros denominadores comunes.

Pero los menores de 14 se ven además fuertemente marcados por el estilo educativo. Suelen pertenecer a familias que hacen dietas, en las que los padres están excesivamente preocupados por el aspecto físico y que presionan a los hijos hacia mayores logros, como si estos nunca cumplieran con las expectativas. La dependencia y la sobreprotección suelen estar a la orden del día. "Muchos padres están obsesionados con mantenerse en forma, corren delante de ellos, miden todo lo que comen... Y eso acaba influyendo", insiste el doctor.

Sobre los problemas que se suelen ver, los casos de anorexia nerviosa siguen siendo muy frecuentes, pero crecen los de pacientes con trastornos de conducta atípicos (es decir, pueden tener algún síntoma de anorexia o bulimia pero no reflejar el cuadro completo de problemas). Además, se ha observado que un notable porcentaje de obesidad infantil está relacionado con estos problemas psiquiátricos, en concreto, con el trastorno por atracón.

http://www.heraldo.es/

 

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lunes, mayo 18, 2009

Sadorexia: masoquismo y anorexia

Actualmente los desórdenes alimenticios están en un terrible auge, cada vez se descubren más patologías relacionadas con la alimentación desequilibrada. Una de estas es la Sadorexia.

Es un trastorno alimentario que ha evolucionado de la anorexia en el cual emergen comportamientos anoréxicos, episodios de bulimia y técnicas de masoquismo que infringen dolor y quitan las ansias de comer.

Las personas que la padecen pertenecen al grupo más extremo de las “Anas” (anoréxicas) y no tienen conciencia de la gravedad de sus actos, los que pueden llegar a límites insospechados.

Dentro de las enfermas existen tipologías que denotan cuán involucradas están con la enfermedad, por ejemplo las novatas se reconocen como “wanabe”, luego las que idolatran la delgadez extrema son las “porcelanas” y por último están las “extreme” que hacen cualquier cosa para bajar de peso (incluidas las autolesiones).

El surgimiento de la sadorexia está muy relacionado con la Internet, es sabido que millones de enfermas se comunican mediante este medio para darse ánimos, compartir trucos, hacer competencias de descenso de peso e intercambiar dietas insanas.

http://www.nutricion.pro/

 

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lunes, mayo 11, 2009

Bulimia y anorexia: Crece el número de casos

domingo 10 de mayo de 2009, 23:11

Están ligados a las nuevas pautas culturales. Una de cada diez mujeres padece algún trastorno alimentario.


En la actualidad muchos jóvenes luchan por el físico ideal, para ello emulan a los estereotipos brindados desde la televisión, las revistas, siguen dietas estrictas y en muchas ocasiones copian pautas alimentarias que en su propia casa son erróneas. En Argentina, de cada 10 mujeres, una padece trastornos alimentarios: bulimia, anorexia, cuando no ambas.
Estos trastornos alimentarios son las alteraciones más comunes de la conducta en el acto de comer. Aunque se refiere al acto de comer no tiene relación directa con la comida.
La problemática sigue predominando en la adolescencia, aunque también se registran en la edad adulta y durante la infancia, cabe destacar que la tendencia apunta a aparecer cada vez más temprano y que sigue habiendo un predominio de mujeres en estos casos.
Las pautas culturales de los últimos años han determinado que la delgadez sea un sinónimo de éxito social. Son muchos los jóvenes que luchan por lograr "el físico ideal", todo esto motivado por la imagen que devuelven las modelos, artistas o la publicidad comercial.
Muchos de ellos creen sinceramente que "el mundo es de los flacos".
Otros, cuyo peso natural excede el standard de delgadez que la sociedad impone, se deprimen, se auto -critican y se sienten perdedores y desvalorizados.
"Ser flaco es sinónimo de éxito" o "si soy flaco todo será más fácil", es lo que la mayoría cree firmemente y esto hace que todos los esfuerzos se centren en una "dieta mágica".
En coincidencia con este análisis, la doctora Elena Barrera, nutricionista del Hospital Regional, comentó que es consecuencia de “una corriente o moda que propone mujeres delgadas” y se ve constantemente en los medios, en la publicidad y que no es casual que se dé durante la adolescencia “ya que es una etapa de muchos cambios en donde las personas están muy sensibles”.
El trastorno de la conducta alimentaria no es un problema solamente nutricional sino que es una consecuencia de esto. “Así como cada uno exterioriza sus inseguridades, sus miedos, sus cambios de otra manera como puede ser una úlcera, hay personas que los hacen a través de la alimentación”, agregó.
Cualquiera sea la restricción alimentaria que se adopte, se ha dado el primer paso hacia el abismo. A la Anorexia Nerviosa y a la Bulimia se llega siempre por el camino de la dieta. La presión social es muy grande, tanto que no hay reunión en la que no se toque el tema del "peso", de los "kilitos de más" o de "la dieta de moda".
Toda la población en general está preocupada por la figura. El culto al cuerpo es el caldo de cultivo donde la enfermedad brota y se expande. Los datos alarman: uno de cada veinticinco jóvenes argentinos sufre de Bulimia o Anorexia.
“Es importante que tomemos conciencia de lo que estos porcentajes reflejan, y que intentemos detectar qué pasa a nuestro alrededor, en nuestra familia y en la escuela, qué pasa con nuestros hijos y con los amigos de nuestros hijos”, sostienen los especialistas.
Para ellos hay que estar atentos a lo que sucede en especial con los niños, adolescentes y jóvenes. En este sentido, hay que tener en cuenta que el tratamiento no es específicamente del profesional nutricionista sino que trabaja en equipo con psicólogos o psiquiatras que cumplen un rol central. El paciente suele no tener conciencia de la enfermedad, no estar interesado en curarse, no sincerar sus síntomas, no cumplir con las prescripciones médicas. Es fundamental estar atento a lo que sucede a nuestro alrededor.

NORMATIVA SOBRE LA PATOLOGÍA

El 12 de Agosto del año pasado el Senado de la Nación aprobó la ley 26.396 denominada "Ley de Trastornos Alimentarios", difundida como "Ley de Obesidad", estableciendo en el artículo 2: " Entiéndase como trastornos alimentarios a la obesidad, a la bulimia y a la anorexia nerviosa, y a las demás enfermedades que la reglamentación determine, relacionadas con inadecuadas formas de ingesta alimenticia". En su artículo 15 establece que la cobertura del tratamiento integral de los trastornos alimentarios queda incorporada en el Programa Médico Obligatorio. En este sentido, Rearte resaltó la importancia de la sanción de esta ley y comentó que previo a la sanción de la ley, "el 80 % de las obras sociales reconocían la bulimia y la anorexia como casos excepcionales".

SIGNOS DE ALERTA

Los padres de adolescentes deberían estar atentos a los comportamientos de los hijos para detectar a tiempo la bulimia o la anorexia. Los profesionales señalan que “hay que sospechar cuando cambian bruscamente su alimentación".
Otros indicios pueden ser los momentos en que los adolescentes suprimen alimentos por "engordantes" o se hacen vegetarianos; si dicen que ya comieron en la escuela o con los amigos y se niegan a alimentarse en el hogar frecuentemente.
El uso del baño después de las comidas, el consumo de laxantes y diuréticos, el estar atentos a la balanza, pueden ser otros comportamientos.
Generalmente, los adolescentes con estos trastornos están pálidos, no quieren salir, bajan de peso abruptamente y hasta llegan a robar dinero para ir a comprarse laxantes.
En las chicas, la falta de menstruación por tres meses puede ser un síntoma. Los varones suelen hacer ejercicio físico compulsivamente.


http://www.elperiodicoaustral.com


 

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lunes, marzo 16, 2009

Así trabajan en los centros de atención de anorexia y bulimia

Seis de cada mil españoles padecen anorexia nerviosa, y dos de cada cien bulimia. Estos trastornos de la conducta alimentaria, que no entienden de clases, sexos ni edades, pueden causar la muerte. Sin embargo, el porcentaje de curación es muy elevado. Hemos conocido cómo se trabaja en un centro especializado.

Es una enfermedad y tiene nombre y apellidos. Se llama anorexia. Llegan a los centros en una situación de emergencia: se tratan todo tipo de trastornos de conducta alimentaria. Aquí es tan importante trabajar la mente como el cuerpo.

"No se asocian solamente a dejar de comer, a una persona extremadamente delgada, sino también a conductas relacionadas con lo que entendemos por purga: vómitos, exceso de laxantes o diuréticos...", explica Montse Sánchez, directora de uno de estos centros.

Nines lleva 7 años enferma. Después de repetidos ingresos, no sabía dónde acudir. "Empecé a restringir ciertos alimentos y al final es un círculo vicioso en el que no puedes parar de restringir", confiesa esta joven.

En el centro pueden estar ingresadas hasta un año. Las más recuperadas podrán volver a sus casas. Otras, sin embargo, deben pasar a otra fase: en los pisos terapéuticos recuperan poco a poco su vida. Uno de los objetivos es convivir con la comida.

"Aquí intentamos precisamente eso: que vayan ganando seguridad para que luego puedan continuar con sus vidas sin nuestra ayuda", asegura Mónica Muñoz, coordinadora de uno de estos pisos.

"Antes no podía ni entrar en la cocina, me ponía nerviosa con la comida", explica Rocío, una paciente. "Y si cocinaba, pues no le ponía las cantidades que tenía que poner, por ejemplo, de aceite".

"Piensan que es una enfermedad de niñas tontas, pero te fastidia la vida. Espero poder llevar una vida normal, con mi familia y reírme como me reía antes", dice Rocío. El cuerpo es sólo la punta del iceberg. Lo que se ve: pero detrás se esconden muchos problemas psicológicos. Después de años de tratamiento, vuelven a coger el tren de la vida.

http://www.ondacero.es/


 

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